El Fausto, rejuvenecido

El Fausto, rejuvenecido

26 agosto 2020 | Wolfgang Held

A pesar de las restricciones relacionadas con el coronavirus, el Escenario del Goetheanum y las personas que colaboraron en la nueva producción de ‹Fausto 1&2› de Goethe hicieron posible tres representaciones con unos 400 espectadores cada una en julio en el Goetheanum –algo excepcional, si no único, en la Europa sumergida en la actual situación de «crisis».


Cuando, después de la situación crítica de mayo, llegó el momento de la primera flexibilización de las medidas, Stefan Hasler, director artístico del proyecto, comentó con convicción total: «¡Habrá función!» Y el resto del equipo estuvo con él. En numerosos ensayos individuales y en los turnos extra, 70 personas unieron fuerzas trabajando en y detrás del escenario. El 10 de julio llegó el gran momento del estreno.

Por primera vez en el Goetheanum hubo una representación de ‹Fausto 1 & 2› con una duración reducida a nueve horas, por primera vez la interpretación de Mefistófeles se repartió entre tres actores y un euritmista, y por primera vez actuó un coro de 30 voces. Por primera vez la unión de Fausto y Helena, de la antigüedad y la Edad Media, fue integrada como singspiel con música de Elmar Lampson. Y por primera vez después de Marie Steiner, la dirección estuvo en manos de una mujer, Andrea Pfaehler, asistida por Eduardo Torres como responsable de la euritmia.

Con actitud afirmativa

Lo que Andrea Pfaehler comentó con las palabras de Christian Morgenstern como motivo interior de la producción - «Ama el mal para convertirlo en bien», fue un tema recursivo a lo largo de los ensayos y en el estreno. «Conozco el Fausto desde hace 30 años, pero esta vez comprendí la presencia de las fuerzas celestes en la escena del calabozo», comentó una euritmista longeva.

El enfoque integrador de la producción relaciona las funciones con distintas áreas de la vida de las Secciones de la Escuela Superior en el Goetheanum, en particular con la cuestión sobre las condiciones de una medicina humana, de una nueva forma de tratar la propiedad privada, y de una cultura que nos ayude a evolucionar como humanos. Frente a la actualidad de estas cuestiones, a las que la Antroposofía tiene mucho que responder, el ‹Fausto› de Goethe no parece menos actual, como su representación en el Goetheanum también es un elemento integral dentro de su compromiso con la vida cultural.espiritual. La próxima actuación, a finales de octubre, probablemente contará con un aforo completo, es decir con casi 1000 espectadores.

La infancia, como dice Friedrich Nietzsche, es «un Sí sagrado». Su obra ‹Más allá del Bien y del Mal› abarca muchas reflexiones sobre el arte dramático. El «sí» afirmativo es característico del estilo de la directora Andrea Pfaehler; el objetivo es que los actores tengan la libertad de interpretar los personajes acorde con su propia identidad. Este «sí» también es parte del estilo de Eduardo Torres, que ha rejuvenecido el ‹Fausto› en el Goetheanum. Como algunos han observado, logró crear un ambiente más juvenil en el escenario y la Sala Principal del Goetheanum. A ello contribuye también el hecho de que Andrea Pfaehler lleva ocho años trabajando con el ‹Escenario Joven› (Junge Bühne) que atrae anualmente alrededor de 2000 espectadores al Goetheanum.

Levantar la cabeza en la crisis

En los debates de podio, con los responsables del Escenario y algunos oradores de las Jornadas de Fausto, se comentó el carácter imaginativo de la escenografía y la iluminación, la sensación de frescura que transmite la euritmia, y la comprensibilidad del lenguaje. Muchos expresaron el agradecimiento por la vivencia de un evento cultural probablemente único en toda Europa, en lo que su dimensión y abundancia atañe. Este verano de ‹Fausto› me hizo entender lo mucho que el Goetheanum, necesita el teatro, y lo necesitados que estamos todos de las grandes obras teatrales. ¿Por qué? Porque el teatro nos enseña a levantar la cabeza en tiempos de crisis.


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