En continua evolución

En continua evolución

29 mayo 2019 | Andrea de la Cruz Barral

Desde 2017, un equipo de jóvenes investigadores se ocupa de dos preguntas, para las que ha recogido respuestas de otros representantes de la generación joven: ¿Cómo sería el mundo en 2030 si lo que vive dentro de ti se hiciera realidad? ¿Qué estás haciendo para que esto suceda? Acaba de publicarse un primer informe, basado en las respuestas de los jóvenes de 23 países.


Uno de los objetivos del estudio es saber más sobre cómo los jóvenes experimentan la realidad. Realizamos entrevistas con compañeros pidiéndoles reflexionar sobre sus experiencias de vida, sus deseos y esperanzas. En la primera fase, se realizaron 40 entrevistas con personas de entre 18 y 35 años de 23 países y con diversos fondos culturales. Los jóvenes mismos pudieron elegir entre los siguientes temas universales: origen, educación, profesión, espiritualidad y relaciones.

Espacio para las propias dudas

Estos jóvenes perciben la vida como una experiencia en constante cambio y transformación. Esto requiere, por un lado, ser constantemente consciente de uno mismo y estar despierto para los demás, y por otro, cuestionar y debatir los motivos interiormente antes de tomar medidas reales. Esto es lo que llamamos el estado de la ‹evolución consciente›: «Soy realmente consciente de que un ser humano en su conjunto sigue en continuo desarrollo», dijo una joven alemana de 21 años.

Los entrevistados buscan un ambiente abierto al cambio y devenir; rechazan situaciones en las que tienen que realizar tareas definidas, determinadas por otros, en las que no hay espacio para sus propias preguntas.

¿Cómo se puede crear estabilidad y seguridad en un mundo en constante cambio? «Si todo está en movimiento, y está bien que sea así, entonces necesito entender qué es necesario para orientarme para salir adelante», comentó un joven de 29 años del Reino Unido.

Para estos jóvenes, la realidad desafía a enfrentarse a los contrastes y opuestos, a diferencias, al multiculturalismo. En sus respuestas, los encuestados examinaron primero sus propios orígenes nacionales, culturales y familiares. La mayoría de ellos caracteriza sus orígenes aceptándolos e identificándose con ellos, incluso cuando suponen conflictos interiores. Es comprensible que los jóvenes pregunten por sus orígenes y por lo que ha formado su identidad, especialmente cuando reúnen en sí dos o más culturas o nacionalidades. «No saco mi identidad de una determinada parte del mundo, porque me siento conectado con el mundo entero», dice un boliviano de 18 años.

Ser visto y comprendido

En lo que se refiere al tema de la formación, para algunos, una experiencia positiva fue la sensación de ser visto y entendido por los profesores como individualidad. Observamos un campo de tensión que especialmente (aunque no exclusivamente) experimentaron los encuestados de los países asiáticos, una tensión entre las expectativas educativas y profesionales de sus familias y lo que ellos mismos querían.

En el ámbito de trabajo y profesión, a menudo no les es permitido desarrollar plenamente sus intereses y su potencial, y a menudo no se logra la recompensa financiera suficiente para ser económicamente independientes de los demás, ya sea de la familia o del Estado. Tienen «tolerancia cero» frente a un entorno profesional sin ética ni posibilidad de establecer relaciones con sentido. También les resulta difícil compaginar su propia vocación con la realidad de su profesión.

La gran mayoría de los encuestados criticaron las religiones asociadas con el ejercicio del poder o con una moralidad institucional. Sin embargo, muchos hablaron de la importancia que para ellos tiene la relación con un ser divino o con la espiritualidad en general. En busca de un autoconocimiento más profundo, experimentan con enfoques espirituales, meditación, rituales e incluso drogas. Estas experiencias les permiten, como dicen, pensar sobre sí mismos y reflexionar sobre la naturaleza de la vida, la humanidad y las relaciones humanas.

Vivir con la diversidad y las diferencias

Para los encuestados, las relaciones son un aspecto importante (si no el más importante de todos) de sus vidas actuales. Esto incluye la relación con ellos mismos, que influye bastante en la relación con los demás. La sensación de unión crece en la medida en que un grupo o una pareja intercambia sobre ideas filosóficas o cuestiones de la humanidad en general.

Muchos de los encuestados entendían sus relaciones como un campo de continuo ensayo y error. Para ellos, la autenticidad, la honestidad y la transparencia son indispensables para una relación significativa, todos ellos valores que conducen a una buena comunicación, que a su vez vuelve a constituir la base de una relación significativa. También quieren aprender a integrar la diversidad y las diferencias; el entender y aceptar el hecho de «ser diferente(s)» tiene un alto valor para ellos.

Los jóvenes entrevistados no estaban interesados en soluciones hechas para problemas personales y globales. Más bien, sintieron la necesidad de encontrar herramientas con las que pudieran conducir el pensamiento a entender mejor los desafíos a los que se enfrentan. Los jóvenes tienen un fuerte deseo de crear condiciones para abordar los retos del futuro con conciencia despierta y desde un conocimiento profundo. Para ellos, todo comienza con la acción individual.


Equipo de (Re)Search Andrea de la Cruz Barral y Ioana Viscrianu. Mentores Constanza Kaliks, Pepa y Luis Miguel Barral. Colaboradores Alina Fessler, Janna De Vries, Johannes Kronenberg, Nahuel Waroquiers y Sibel Caliskan.

Web
www.youthsection.org/research